La poesía es para deprimidos

Mientras esperaba la 49, tuve la inesperada ocasión de conversar con un paisano. Después de las habituales referencias solté lo que llamo La matadora. Ismael, llamémosle, Ismael, dijo que sólo leía los estados de cuenta. Sonrió un poco, y más serio agregó que sí, pero solamente libros interesantes. Por mi mente saltaron todos los códigos de Picasso, y no le pedí puntualizar, quizá, por temor de escucharle algún escritor que hoy usamos como fetiche. Cambié el tono: ¿y poesía?  De un tirón pisó freno: “¡No, poesía, no! ¡Eso es para deprimidos!

Escuchar tanta franqueza fue menos venéreo que imaginarme a Ismael como universo de una parte de la sociedad actual. Probablemente tenía razón y, sí, esa actitud acuciaba refugiarme en la poesía. Al llegar el autobús no pude morderme la lengua y le pregunté qué autor interesante había leído:

–¡Éste!, ¿cómo se llama?… el colombiano que ha ganado varios nóbeles, ¿cómo es que se llama?—indagaba mientras se rascaba la cachucha.

Advertisements

Leave a Reply

Please log in using one of these methods to post your comment:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s