Miami Poliédrica

Miami es una ciudad muy rara. Para muchos, es un nido de serpientes, hábitat de políticos corruptos, no sólo de Latinoamérica, sino del mundo. Para los cubanos, significa las noventa millas de esperanza. Para los que habitamos en el norte del continente, Miami, es una cabaña de sol, playa, sal, Ocean Drive. Pero es curioso. Esto, tan sólo es una cara de este poliedro cultural.

Yo creo que si Dios le borra el sol a Miami, se convierte en Nebraska. Los latinos, acostumbrados al español y al buen clima se escaparían a Texas, o a Los Ángeles. Lo mismo sucedería con los pensionados ricos o de clase alta que radican en Nueva York, o Montreal, y que en los meses de octubre a marzo huyen del implacable invierno.También hablamos de una Miami de ilegales. Cuando trabajas lavando platos en alguno de sus restaurantes, corres el hermoso riesgo de tener como colega (sí, ese que le va pasando el pañito)  a un cardiólogo de primer orden cubano recién exiliado, o a un intelectual latinoamericano, sin papeles, que ha perdido la esperanza de reconstruir su Comala.

Sabina decía que para él, pueblo, era todo lugar que podía recorrerse en bicicleta. Entonces Miami también es un pueblo. Es la ciudad del sexo casual, de las discotecas; Es un inmenso condado donde cada casa posee una piscina que nadie jamás utiliza. Hablamos del puerto rico cubano, del nido de serpientes, de esa callecita larga de la Lincoln Road entallada de bares chic, de gente bonita, Brito, y de un árbol central cuyas hojas rarísimas un día, a ojos cerrados, me presentaron.

Su clima pegajoso, de sol extraño, en estos lados donde abunda la nieve, es el recuerdo de una manchita de café. A Miami le debo su mar de noche. Una vez,– el cielo apretado en negro, la eufonía del mar dejando su espuma en la arena, y viviendo probablemente el peor momento de mi vida,–  busqué refugio en aquellas soledades. Para mi sorpresa, y como cuando en la guerra se van sorteando obstáculos de cuerpos tirados, a medida que caminaba, encontraba a muchos otros llorando de cara al mar . Fue imposible estar solo en una ciudad, donde lo único patético es su diciembre.

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