Balada para un loco

La pobreza a la que uno se acostumbra, a veces, es vesicante. En algunos paises, llega un momento en el que ver a un niño hambriento de cinco años alfombrando con la cara la ventana de un McDonald’s, se convierte no en asco, sino en fastidio. Aprendemos a voltear la cara para comer tranquilos: no nos queda otra.

Lo mismo ocurre con los indigentes, esos viejos que andan arropados en cartones y botellas vacías, y que van arrastrando su Mercedes último modelo por las inmensas ciudades cosmopolitas, solo que el cuadrúpedo se nos parece más a los carritos de los supermercados. Y cuando los veo, siempre caigo en la misma pregunta: ¿Cuánto hizo falta para que ese individuo terminara en un estado tan deplorable? ¿Alguna enfermedad?, ¿novio, o novia? Y más aún, ¿Qué tipo de infancia?

La literatura, el cine, el arte en su buen hacer no olvida a estos marginados, y muchos de nosotros podríamos computar algún personaje que por sus particularidades convendría mencionar en este apartado.  Aquellos amantes del tango saben que fue en el noviembre del 69’, cuando Piazzola y Ferrer dieron canto a Balada para un loco, y desde entonces, las tardecitas de Buenos Aires gozan de algo indefinido.

En la próxima Semana Santa he prometido robarme un carrito de estos Wal-Mart gigantescos, y regalárselo a Kunta Toure, un homeless de Montreal que por YouTube se le puede ver cantando en español el bolero “Historia de un amor”. Espero no terminar tras rejas por cumplir mi cometido.

Enlace al tema Balada para un loco/ Goyeneche-Piazzola

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