Se acabó lo que se daba

(EL FIN DEL FORMATO GUTENBERG)

Después de Darwin, toda voluntad de sentirnos centro del universo es una tontería. Nadie se ha vuelto estéril, ni menos sapiente al aceptar que nuestro material genético no solo corresponde a la de muchos primates, sino que tenemos más del ratón de laboratorio que del vecino de al lado. Y si con cierta reticencia pudimos desmontarnos de aquel escalafón —aunque siga habiendo defensores absolutos de nuestra primacía— por qué no hacerlo, entonces, con el libro que es tan solo un artefacto. Digo libro, y no literatura. Digo página, y no prosa, o verso; digo tinta negra, y no sangre del hombre. Lo importante es seguir leyendo. No mucho, sino siempre.

Creo que si nos aferramos al formato Gutenberg será por un simple mecanismo de refugio. Nuestro querido y reciente Nobel es un gran defensor del libro, pero se entiende. Setenta años conviviendo con un producto que es perfecto —porque mejorar el libro es como mejorar un tenedor— y deshacerse de él así , sin más, por la simple incorporación de una nueva y muy distante tendencia, debe ser artrítico e impensable. Creo que a esa edad uno con certeza puede admitir que ya es demasiado viejo para cambiar algunas cosas.

Yo creo que el libro va a desaparecer. Me refiero al concepto, tal y como lo entendemos ahora. Pero lo más probable es que nuestra civilización pertenezca al intermedio de esta trashumancia morfológica.  Hoy en día podemos encontrar individuos que escuchan  The Beatles en acetato. Nada cambia la fragancia ni el sonido de la bolsita transparente que contiene las ocho canciones del lado A y B. Pero es otra cosa. Para esta gente existe un vínculo romántico en limpiar la aguja del reproductor. Esto no tiene nada que ver con The Beatles, sino con el recuerdo de cuándo eran jóvenes.

Yo no tengo E-book, pero tengo Ipad que es peor. Y me he descargado unas cuantas aplicaciones que permiten leer el formato PDF, y no me va tan mal. Al principio cansa, pero cuando te das cuenta que existen en la internet más de un millón de clásicos dispuestos gratuitamente a todo aquel que quiera leerlo, y sin que infrinjan algún derecho de autor, entonces te lo piensas dos veces. Hoy por hoy, y como apunta La loca de la Casa, voy comprando libros más para dejar en ellos mis épocas.

Los que se encargan de este asunto van añadiendo particularidades al nuevo artefacto que emulan y superan lo que uno pudiera hacer en papel, —subrayarlo, marcar página, copiar, pegar, etc.— y luego le añadirán el olor, y el añejo de los libros antiguos y todo lo demás, pero estas cuestiones irrelevantes llegarán con el tiempo.

Quiero cerrar con dos cosas: La supremacía del E-book tendrá comienzo cuando nos supla de opciones que devienen impensables en un libro.  Mientras la novela cueste 15 euros, y lo único que diste sea su formato, entonces el libro mantendrá su hegemonía. Pero si tengo la oportunidad de leer a Bernard Shaw, por ejemplo, y me abastecen además por ese precio, de diversos documentales relacionados a la vida y la obra del autor; y en uno o dos táctiles traducir a cualquier idioma todo eso que voy subrayando, entonces la decadencia gutenberiana es inevitable.

Segundo: Creo que la respuesta a “Cuáles son las tres cosas qué te llevarías a una isla desierta”, está a punto de cambiar. Si yo fuese Chuck Nolan respondería: Un cargador solar, un Ipad con toda la biblioteca de Alejandría (y que acepte la carga solar. ¡Ya vendrá!), y un saco con todos los recuerdos de la gente que fui amando.  El PDF de Cómo vivir en una isla desierta y ser feliz, del garoto Coelho, estimo necesario.

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One thought on “Se acabó lo que se daba

  1. Otra discusión en torno a la desaparición del libro es la muerte de la literatura, particularmente de la edición. Si nos mantenemos en un paradigma donde la publicación física es desplazada por una distribución por internet, basta de adueñarse de algunos medios de difusión masivos para no requerir una editorial en lo más mínimo. Sin editoriales también desdibujamos el camino principal por el cual los escritos ganan su fama. Los condenaríamos pues al olvido.

    Es evidente que el paradigma cambiará, la distribución física dejará de existir, pero el objeto -libro- y la edición -distribución-, seguirán existiendo en cierta forma. El libro permanece, las bibliotecas existen. Aunque no sea por facilidad de distribución, libros físicos se editarán para su conservación y permanencia. Nacerán también libros que el papel no puede replicar.

    De una forma u otra, no podemos predecir más que la evolución hasta dentro de unos años, pues la tecnología cambia bastante. El libro morirá como distribución. Seguirá existiendo porque la tecnología es imperfecta y el objeto -el libro mismo, físico-, es una entidad bella.

    ¿Cuenta la belleza en el arte?

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