Entre dioses

El Quijote a secas es herida

Gonzalo Rojas

Mucha lectura envejece la imaginación del ojo, advertía el poeta. Y es que Gonzalo Rojas pasó por el mundo haciendo de la observación y la palabra su día a día. No sólo leyó libros, sino también a mineros, y amantes, y al doloroso exilio. Leyó el fracaso de la tinta del crítico más respetado de su época tan sólo como esa primera línea que sirve de borrador: “Al paso que van, las letras nacionales no prometen nada” Y la vituperación devino en él una suerte de amuleto que se guindó en el cuello para recordarse, desnudo frente al espejo, cuánta miseria habita en los hombres. Muchos años después, en su discurso de aceptación del Cervantes (2003) recordó estas palabras ya lejanas con su justo carácter anecdótico.

La muerte de Gonzalo Rojas representa para muchos —en ellos habita la respiración de toda una época— el verdadero fin del siglo XX. En cuanto a su partida, colinda con algunos azares que resultan aciertos. Por ejemplo, en varios versos el poeta al tratarla, desfigura la muerte. En revancha, “ella” responde en los terrenos mortales de forma lúdica y honrosa, manifestándose ya no como abducción sino como fecha, y símbolo. Fue la propia muerte quien hizo que este gran chileno descansara eternamente a dos tumbas de distancias del Miguel que una vez lo reverenció como su único dios.

De Contra la muerte (1964)

Los días van tan rápido en la corriente oscura que toda salvación
se me reduce apenas a respirar profundo para que el aire dure en mis pulmones
una semana más, los días van tan rápidos
al invisible océano que ya no tengo sangre donde nadar seguro
y me voy convirtiendo en un pescado más, con mis espinas.

Vuelvo a mi origen, voy hacia mi origen, no me espera
nadie allá, voy corriendo a la materna hondura
donde termina el hueso, me voy a mi semilla,
porque está escrito que esto se cumpla en las estrellas
y en el pobre gusano que soy, con mis semanas
y los meses gozosos que espero todavía.

Uno está aquí y no sabe que ya no está, dan ganas de reírse
de haber entrado en este juego delirante,
pero el espejo cruel te lo descifra un día
y palideces y haces como que no lo crees,
como que no lo escuchas, mi hermano, y es tu propio sollozo allá en el fondo.

Si eres mujer te pones la máscara más bella
para engañarte, si eres varón pones más duro
el esqueleto, pero por dentro es otra cosa,
y no hay nada, no hay nadie, sino tú mismo en esto:
así que lo mejor es ver claro el peligro.

Estemos preparados. Quedémonos desnudos
con lo que somos, pero quememos, no pudramos
lo que somos. Ardamos. Respiremos
sin miedo. Despertemos a la gran realidad
de estar naciendo ahora, y en la última hora.

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