El pío del Pelagornis

Je twitt, donc je suis

 

Desde su creación, circa 2006, Twitter ha desencadenado una tendencia imparable: La brevedad, ahora, parece necesaria. Se alimenta de esta propensión la nanoliteratura, género antes discriminados, y que ahora parece despertar el visto de un nuevo lector. Oraciones como For Sale: Baby shoes, Never worn, y el dinosáurico compendio de Monterroso son hoy, merced de la urgencia por conglomerarlo todo, enormes sucursales desempolvadas. Twitter, como sucedió con otras redes sociales, fue impredecible. Si los cuatro grandes del experimento-garaje hubiesen en sus orígenes anhelados los resultados, probablemente hubiesen fracasado. La envergadura de lo que hoy representa un sistema con más adeptos cada día, es fieramente paralizante, sobre todo, si comulga con la adhesión insospechada que ha tenido en nuestra cultura numérica.

El espejismo, o la virtualidad del individuo en la red es la característica más importante de todos estos recursos sociales: Aquí, el que no tiene foto no existe, o dicho en otras palabras, cuanto más personal, más vivo. Y de acuerdo con ella, –la foto–, uno masculiniza o feminiza los cortos enunciados que en Twitter se van leyendo. En otro orden, el follow, por ejemplo, es una de las particulares más complejas del ente social, puesto que seguir a un perfil determinado– cuando el twitter@ es genuino y pertenece a una entidad real—connota un interés particular.  Acaso más complejo es el Unfollow, puesto que lejos de ser una falta de cortesía, delata intrínseco un comportamiento vital y consuetudinario en las grandes sociedades, virtuales o reales, y que Octavio Paz una vez llamó Ninguneo. Dato curioso: Este elemento carece en Facebook, lo que hace a la página de Zuckerberg más presta a la cofradía y no a la información.

En Twitter uno puede ser testigo de disputas de todo orden: Hace tiempo una rubia-usuario-despampanante declaró, a vox pópuli, su amor visceral, por un locutor de radio. En cuanto el locutor-casado-honesto le respondió “Su brevedad debe honrarla, señorita” la mujer estalló. Se supo muy poco del desenlace del caso, salvo que la rubia eliminó su perfil. Fue divertido mientras duró. Otro rango llamativo de algunos usuarios radica en su dignidad virtual: “Te sigo, si me sigues”. Estos comportamientos pueden ser un claro reflejo de nuestra diplomacia real, como sucede con el usuario más reservado, y que evitando algún extraño en sus coordenadas privatiza su cuenta. Se halla también el poliédrico, que si bien resucita en numerosos seudónimos explayados por todo el internet, en la realidad real sigue vituperando a las redes sociales como la manifestación más denigrante de los ermitaños.

Twitter ha devenido indispensable para nuevas formas narrativas y de comunicación. Algunos escritores han compendiando sus Twitteos literarios en formatos más espaciosos, como sucedió con el mexicano @albertochimal y sus 83 novelas. Algunos otros experimentan la posibilidad de contacto, como sucedió recientemente con la escritora cubana @DainaChaviano y su breve e ingeniosa twirtulia, que a lo largo de una hora atendió preguntas, dejando en claro que la twittstósfera funge, de vez en cuando, como una amena simbiosis entre el escritor y su lector.

¿Indispensable? ¿Fundamental? ¿Eterno? El tiempo responderá. Mientras tanto, los hinchas del Madrid reputwean a los del Barcelona; La vecina retwettea los pormenores de la tarta de manzana recién quemada por su hermana, los dictadores se refugian en perfiles espía, y en el campo que nos respecta, se van anunciando aspectos antes increíbles: El 1 de abril de 2010 los primeros 25 libros más vendidos en Francia obedecieron a la recopilación de los twitteos como tema principal. Por otra parte, el certamen literario auspiciado por El Museo de La Palabra, (que sería la forma más pecuniaria de twitteo) reportó en su edición presente una participación de más de 14 mil usuarios. Hasta el momento se ignora la fecha del fallo. Y lo último, que sería la exacerbación más inverosímil del fenómeno, es la iniciativa del profesor canadiense Jean-Yves Fréchette por dignificar los millones de micro-enunciados en un proyecto que ha llamado El instituto de Twiteratura Comparada.

De todo hay en la viña del señor. A veces uno imagina a estos genios anónimos creando en 140 caracteres su propio epitafio. De seguir así, no sería descabellado pensar que algún día, todos descansaremos en alguna diminuta parcela de la HTTP.

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