La muñeca

Su primera muñeca a los doce años. Llegó a toda prisa a la tienda. Empapada por el torrencial aguacero que ensordecía al pueblo, extrajo de un bolso escarlata dos billetes que entregó a Don Jacinto. El anciano los sostuvo, se acomodó los lentes, y los observó a trasluz. La niña no despegaba las pupilas de la muñeca que celosamente protegía la vitrina. El anciano introdujo los billetes en su bolsillo, dio una vuelta y encontró a la última de sus obras artesanales. Al sacarla de la vidriera sintió el penetrante olor a encierro, su batica de enfermera ya no era tan blanca. Alineó sus cabellos rubios que lucían como pálidos hilos dilacerados, enderezó el sombrerito con la cruz roja en el medio y se lo entregó a la niña. Eva la aupó procurando que sus manos la sujetasen fuerte. De inmediato recordó la noche anterior. El anciano preguntó si volvería; la niña con una ligera desviación en los ojos declaró que sería esa la última vez. El anciano tragó fuerte, y al preguntarle por el dinero en tan poco tiempo, Eva volvió apretar su muñeca, su única muñeca. La arropó violentamente contra ella y sin alzar el rostro se marchó.


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