Barro

¿Y cómo se lo digo ahora? Será que le invento una historia de conejos y zanahoria y más adelante cuando se haga señorita le digo toda la verdad. ¿Será que me atrevo? Mi pobre hija, tan inocente. Entenderá que el amor se acaba, que el amor se le acabó luego de veinte años de jurar amor eterno, y cómo se lo digo: Sí, hija, tu padre me dejó por una escultora. Hijita, son cosas que pasan, así que entiéndelo. Vamos, te llevo a la Academia de Bellas Artes y anímate a esculpir para que nunca te abandonen, para que nunca un hombre se obceque por un cuerpo más joven que el tuyo. Será que me busco un escultor también, ¡pero qué idioteces digo! Qué escultor se fijará en una petimetra de cuarenta y pico como yo, acaso un joven escultor, ¿acaso un joven fracasado escultor de manos grandes? ¡Sí! Uno de manos grandes que se atreva a tocarme para siempre.

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