El huérfano

a Megaupload,

el hijo más útil del mundo.

¡Lo ha matado!, gritaron afuera. El del puño de acero, el cazador. La madre entró como una borrasca de invierno. El cadáver, sin tanto examinar, era la mayor creación del canibalismo: Manos sin muñecas, el rostro abierto con tanta furia que antes de enterrarlo decidieron lo decapitaran. La mujer se llevó las manos al rostro, y lanzó un grito tan fuerte que años después los latinos la emplearon como epónimo de duelo. Temblando, se acercó al cadáver; Lo arropó con los brazos. Lo besó con la cara metida en las costillas. El cazador se dio vuelta. No abrazó a la doliente. Por un instante sintió en el pulso la meliflua indecisión de quedarse huérfano.

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