El ojo

Este ojo me duele como si me hubiesen zampado una patada. Si en una semana no merma el dolor, tendrán que operarme. Pero qué pasó en mi vida que de pronto todo se vino abajo. ¡Todo! Como si de repente una bruja, muy pero muy mala, como esas amiguitas pirógenas que le abundan, hubiese hecho ¡taran! con su varita y de inmediato, ¡plof! nos vamos a La Frontera, ¡taran! Nikita se va al sur, ¡taran! nosotros al norte, taran, llega la bendita documentación de su novela, ¡taran! las discusiones, la indiferencia, mi esterilidad, la muerte de mis padres, Nikita diciendo que está muy bien, y que pronto nos visita y ya hace dos años que no tenemos noticias de ella. Y ahora Alana me está dejando ciega. Juro por las cenizas de mi abuela que si pierdo el ojo, le saco los ojos a esa mugrosa gata.

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