Breve carta de Emma a su hermano Mijail Berdiayev

Todo empezó cuando recibí a Borges en mi corazón. Los cristianos suelen decirlo en el instante que el milagro cobra espacio en su vida. De repente un alcohólico sumergido en la más absoluta y miserable de su batalla, un domingo acude a una iglesia cristiana y sólo basta que reciba a Cristo en su corazón para enmendar toda la cadena de prevaricaciones que fue arrastrando por veinticinco años. Me cuesta creer todo esto, Mijaíl, aunque Don Francisco, o Jerry Springer presenten ejemplares dignos de admiración. Una tarde acompañé a Lacoste a una de sus presentaciones de libros. Apenas me había establecido aquí en Francia, así que no hablaba el idioma, y mi pronunciada desorientación me hacía un instrumento inútil. Recuerdo perfectamente que al llegar a la sala de recepción, y enfrentarme ante aquel arsenal de periodistas, sentí un terror tan grande como si en cada gesticulación, ellos estuviesen pronto a comerme, a preguntarme cosas que yo no sabría cómo responder. “¿Cómo iba mi francés?”, por ejemplo. Y yo a balbucear los grandes monosílabos que cualquier niño se cansa de repetir. Me prendí tanto de su brazo que estando ya en casa, luego de reclamos y gritos, me mostró las marcas de mis manos. No quise hacerle daño. Y fue en ese momento cuando entendí que mi dependencia devenía una postura nociva en las personas.
Dos noches más tarde, al culmino de su ronda de presentaciones, sucedió lo que yo considero el accidente intelectual más importante de mi vida. Aquella vez nos reunimos con amigos suyos en un restaurante que por dentro daba esa falsa impresión de estar forrado en oro. Sus camareros, y toda la gente acartonada del lugar nos recibieron mirando con gran respeto a mi marido, y a toda la fila de acompañantes. Sobre la larga mesa nos posicionamos doce, repartidos entre pintores, poetas, y músicos. No tardaron demasiados en cambiar la tertulia a mi idioma, y fue como si el instinto de integrarme a la realidad se hubiese activado. ¿Crées que me fue posible seguir el nivel de la conversación? Mientras más hablaban, yo menos sabía. Aún cuando mostraban serias deficiencias en la fonética, su rumano era mucho más rico que el mío. Yo era la única imbécil que masticaba y tragaba, masticaba y tragaba. Y ellos volvían el rostro hacia donde yo estaba clavada como esperando alguna intervención. Para mis adentros, yo pedía que volviesen al francés de siempre, y así excusarme de toda esta suerte de humillación que me ha venido arrastrando desde que me volví señora de un intelectual.
¿Sabes lo peor de aquella noche? Su mirada…
Una vez me preguntó por qué nunca leía. Me lo preguntó cuando vivíamos en mi tierra. Cuando él era el extranjero. Cuando él era quien no hablaba mi idioma. Cuando él era quien me apretaba el brazo. “No me hace falta”, respondí; “Son cosas de misántropos; de los que edifican su vida sin ir más allá del rectángulo de su escritorio”. Y me pegó esa mirada de zamuro como si fuese hijo de Picasso, y me dijo con su tonito burlón:
–Emma, un día sentirás tanta vergüenza que desearas meter tu cara en la tierra como el avestruz–
Yo le pedí una explicación, y nada… Cuando Lacoste no quiere hablar produce un ruidito chocando la lengua con los dientes. Aquella noche en el restaurante, allí en medio de manjares y buena compañía, mientras ellos brindaban con sus copas, él, sin decirme una sola palabra me pegó esa mirada negra, y continuó hablando. Me desdibuje completamente, y de haber podido, hubiese abierto un hueco con la punta del pie y me enterraba de boca. Al día siguiente mientras visitaba a su madre, asalté su biblioteca. Un empolvado ejemplar de cuero del homero de Buenos Aires cayó en el suelo. Abierto en la mitad, el cuento de la página sesenta y ocho de aquel gigante titulaba mi nombre. Todo lo puedo en Borges que me fortalece.
Advertisements

Leave a Reply

Please log in using one of these methods to post your comment:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s