Y escuche

Uno debe sentarse y calmar la respiración. Llega un momento en que lo lento, se hace el más lento de todos los ejercicios. Se balancea un poco el cuerpo, la silla hará el resto. Si recuerda alguna melodía de niño, sin agitar demasiado la cara entónala mentalmente. Luego será preciso callar. Y escuche. Escuche el viento cómo grazna la inmensidad de la arena. Escuche el rayo  atravesando la piel hirsuta, y verde del cactus. Lo inasible lentamente se bulla ante los ojos de un ciego. Sienta el leve daño de sus millones de granitos de polvo azotando el rostro. Entonces sí: hermanos los unos con los otros.

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